¿Será esta la mejor canción del buen Silva de Alegría hasta la fecha? Aquí decimos SÍ, anticipando en ella una nueva senda, ligera y encendida, para el inquieto artista mexicano. Aunque como señala en este hit rotundo, mejor "dejemos las promesas para mañana".
Y es que la belleza de Infinito radica en que aún fiel al espíritu orgánico y la ternura bien conocidas en su obra, se añade a la fórmula un gancho disco y un puñado de detalles electrónicos, brillos y colores en una impecable producción que parece lanzarnos de un campo abierto y un riachuelo, a una pista de baile.
"Buscando mi cauce natural", un canto a la posibilidad, a la liviandad. La curiosidad de Silva de Alegría nos lleva de la mano y anima nuestras propias búsquedas, recordando una vieja lección: "si existe un destino al que llegar, solo importa el camino y no el final".
El single viene con un remix vestido de solemnidad en manos de otro artista estimado, El sueño de la casa propia. Imperdible también su videoclip, realizado por Itziar Garaluce con animaciones analógicas en un emocionante juego de espejos.
Tras la destreza y la dulzura que, banjo en mano, supo entregarnos el mexicano Silva de Alegría con sus Fantasmas del año pasado, vuelve a emocionarnos en otro giro de tuerca, o mejor, en otro giro de cuerdas.
Coqueteando ahora con las guitarras eléctricas y una lejana psicodelia, Bilsom electrina es un himno a la incertidumbre. El universo entero se trenza y destrenza en el fluir de incomprensibles sucesos. "La vida, la muerte y el misterio de la felicidad", Silva nos hace testigos de su asombro. Y en un hermoso videoclip que nos recuerda a aquel Jöga de Björk, con imágenes satelitales capturadas de Google por Itziar Garaluce, cuya sensibilidad expone las geometrías de ambientes naturales y construcciones humanas, estadios, cuerpos de agua, cultivos y ciudades, en un refuerzo visual que acrecienta nuestra conmoción.
Y el lado B de este sencillo: la misma canción en formato acústico, como si de la grandilocuencia y el ruido pasáramos a la introspección y el sosiego. Silva sostiene un delicado equilibrio y nos da una nueva canción/razón para disfrutar del aislamiento.
En la segunda canción de su prometedora historia, los Sundarbans abandonan la estridente ciudad para ser cosmonautas, valientes y enamorados. Es este un viaje sonoro poblado de detalles como estrellas, entre las que reluce una preciosa melodía de teclado, nuestro astro incandescente, fascinándonos y arrastrándonos al viaje interior, y a una felicidad que caprichosamente hermanamos a las canciones más siderales de otros dúos tan queridos, de Beach House a Dënver.
Con inteligencia y serenidad, Sergio y Alia se preguntan sobre los caminos sinuosos del amor, quieren saber cómo atesorar la coincidencia, el deslumbramiento y continuar a pesar del miedo que nos orbita. En su odisea en el espacio encuentran un propio manual de instrucciones: caminar en vez de correr, buscar el ritmo con paciencia, e inventar los pasos de baile sin temor.
Se acaba un año, una década, y es natural hacer balance: lo perdido y lo encontrado, las colisiones y los hallazgos. Sundarbans es sin duda uno de nuestros nuevos tesoros, y ante la nostalgia, Laniakea es una invitación a mirar el futuro con esperanza, a escribirlo mientras esta suerte y este sol nos alumbran.
Silva de alegría invoca sus Fantasmas. En 2014, esta preciosa canción hacía parte de Cuervos, último disco de su banda Furland. Hoy, antes de despedir una década de encuentros y canciones, el autor ha decidido recuperarla y probarle un nuevo traje: banjo, guitarra, percusión y un delicado teclado le llevan a su actual planteamiento (recordemos que este año publicó un bellísimo disco). El luminoso resultado nos ha fascinado, y en él sentimos estar ante la versión más verdadera de Fantasmas, una que entabla más cercanía con su corazón, y los nuestros.
La canción es casi una gótica historia de amor, dos amantes atrapados a voluntad entre vagones, rieles y estaciones de tren, un viaje infinito, decididos a vivir en un recuerdo perfecto, "enamorados de una sola edad". La nostalgia impregnada en su letra se desliza entre cuerdas y detalles para recrear un trayecto, es esta una canción con instinto de viaje, hecha para contemplar paisajes en una ventanilla y no retener ninguno, avanzar, pues bien concluye su protagonista: "inútil aferrarme así, a una imagen sin vigencia de mí, a un pasado que ya no soy yo"
Y un final sin final: las juguetonas notas del cierre se repiten y se repiten, emocionándonos, obligándonos a rebobinar, volver a tomar este tren.
¿Qué viene después de la mudanza? Nuevas felicidades, nuevas dudas, más incertidumbre, más experiencia.
En estos casi 10 años de actividad del blog, siempre hemos querido encontrar las respuestas en las canciones, afortunadamente cada tanto nos hablan para ratificar nuestros estados, nuestra posición en el mundo.
Hoy retomamos una tradición casi extinta en la internet, las descargas, los compilados, miramos con nostalgia lo que ha ido quedando atrás, el futuro nos sigue pareciendo incierto, pero seguro en el recorrido nos llenaremos de nuevas certezas.
El último asiento del bus es mío, miro tras los cristales mojados de llovizna, las caras tan tristes de los que madrugan, dinero que nunca alcanza para estar un poco mejor, dinero que nunca alcanza para recuperar tu amor, amor que perdí.
Siente los impulsos de aire en movimiento, árboles se desvanecen en el viento, con el ruido que provocan nuestras vidas, un ejército de creación masiva.
Una
canción a la semana, el mexicano Silva de Alegría fue plantando las pistas de
su regreso hasta completar las diez piezas de su nuevo álbum. No fue este un
acontencer gratuito, como un manual de instrucciones cada canción nos prepara
para la escucha de la siguiente en la Primavera en la Guerra del Sonido y cumpliendo con la
promesa de su título, desde una preciosa introducción hasta la épica canción
final, atravesamos múltiples paisajes: jardines florecidos, bosques de niebla,
riachuelos y mañanas luminosas, y a la vez visitamos espacios abstractos: ondas
y capas musicales, la construcción del ruido y la enunciación del silencio,
pues el disco mismo es un estudio abierto sobre la música como fenómeno físico
y vital.
Si no es
muy clara nuestra apreciación mejor sumergirse de una vez en OM, primera
canción/poema que bien parece extraída del bello Cosmos de Carl Sagan pero ha
sido magníficamente escrita por el mismo Sergio Silva y narrada por la voz tan
familiar de Francisco Colmenero quien ha aparecido en un montón de películas
Disney y ahora acompaña a Silva en esta bienvenida, dulce y conmovedora. “Dicen
que hasta el día de hoy puedes escuchar la sombra del primer sonido
reverberando en forma de ruido blanco. Pasaron varios millones de años para que
el ruido se convirtiera en vida y algunos compases después, la vida en música”.
En Una Mañana dorada recibimos los consejos de la primavera: paciencia y naturalidad. “No quiero tenerlo todo, solo lo necesario”, el Hakuna Matata de Silva nos llena de gozo y al menos por unos minutos llegamos a creer que todo florecerá a su tiempo, y que sí “estamos juntos por una razón”. Al seguir el Camino del alce comprendemos en cambio que florecer es ardua labor, entre las raíces y los tallos que se elevan hay pequeños dolores, ruidos que aturden y largos silencios, es natural también perder a veces los deseos de cantar.
Silva hace de sus canciones caleidoscopios, los múltiples instrumentos que toca y los efectos en que baña sus melodías nos dan siempre una sensación de infinito, como en la exótica Superoro y la aleación orquestal/shoegaze de Veris Bellum Sonus, puntos de clímax en esa Primavera en laGuerra del Sonido. En oposición, una de nuestras favoritas es Vuelve a la luz, que en su aparente sencillez nos envuelve y hace brillar una vez más al buen letrista que es Silva.
En su misterio, El sonido de la vida puede ser una balada de amor o una lección de teoría de la música. En su belleza nos recuerda un viejo poema de Eugenio Montejo, que dice “La música del ser es disonante / pero la vida continúa / y ciertos acordes prevalecen”, buena antesala a la canción más grande del disco.
Todas las pistas que entre palabras y sonidos recolectamos en este camino se reúnen, se arman, en la perfección de Primavera en la Guerra del Sonido, una canción redonda que pide ser oída a todo volumen, desde ya una de nuestras favoritas del 2019, elevándonos, invitándonos a sentir “los impulsos de aire en movimiento” y “el ruido que provocan nuestras vidas”, completando finalmente esa gran ambición: descifrar un caos, hacernos bailar en el ruido, hallar nuestra propia musicalidad.
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