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lunes, 27 de julio de 2020

Trending topic : El compositor del año


Foto: Playboy
Podríamos hablarles por horas de cómo Superaquello nos iluminó la cara en más de una ocasión con sus ocurrentes juegos de palabras y sus composiciones conceptuales. Podríamos extendernos horas en halagos por las líricas reivindicativas de Lá la, de sus ingeniosas referencias a la comida, o de cómo los primeros discos de Javiera Mena y Gepe nos dibujaban un nuevo horizonte en la canción latinoamericana.

Edson Velandia con su humor ácido y derrochador, Rita Indiana y sus imperiosas letras que reflejan el intrincado acervo cultural del caribe, sus penas y sus dichas. Podríamos escribir un libro sobre las formas en las que Dani Umpi se ha apropiado de la canción melodramática para dotarla de un brillo particular que irradia el furor de la comunidad LGBTI+. Podríamos hacer varios homenajes a la obra de la recién fallecida Rosario Bléfari, cuya fidelidad eterna a la canción popular introspectiva influyó en tantos artistas desconocidos, cómo las raíces de un gran árbol que crece en el matorral, de sus hijes musicales, Violeta Castillo, Paula Trama, Luciana Tagliapietra, Flavio Lira, Carolina Zac, y un largo etcétera que nos resulta imposible de abarcar.

¿Podría Diosque colarse en este altar de compositores de cualquier año? Su gusto por la experimentación y la poesía es realmente notable, aún así su canción más popular no sobrepasa las 400.000 reproducciones en Spotify. Juana Molina dice más en Un día que cualquier canción popular de radio fórmula, y aún así parece decir tan poco. Él mató a un policía motorizado puede lograr que te derritas de ternura y que se te ponga la piel de gallina con las palabras más sencillas del repertorio lexical de nuestro idioma.

Las cátedras literarias en las canciones de Christina Rosenvinge son igual de inagotables a su extensa discografía. En nuestra memoria emotiva aún retumban las composiciones entre folklore y rock n' roll de Aterciopelados y Café Tacvba. Asimismo compartimos el entusiasmo de genios de la canción popular aún más desconocidos como Algora, Joe Crepúsculo, Cristóbal Briseño, Emilio José o Tony Gallardo, todos aportando desde la sombra de los grandes medios y las fórmulas radiales al enriquecimiento de un cancionero independiente que sólo espera por oídos curiosos para ser descubierto.

¿Qué tienen todos estos artistas en común? Además de ser en su mayoría desconocidos por el oyente promedio, podríamos decir que casi nada. Todos provienen de puntos geográficos diferentes, de influencias y visiones diferentes, pero todos obedecen al mandato ineludible de la canción popular: tener algo que decir, y conectar con el oyente.

Con esta premisa en mente, no desdeñamos de los logros obtenidos por otros cantautores y compositores en cuya obra somos poco aptos para sumergirnos, sea cual sea el género. Porque seguramente esos artistas también cumplen con las reglas que hemos anunciado previamente: tener su origen en cualquier punto del globo, contar algo en sus canciones y tener oídos que reciban su mensaje. Antes de juzgar el valor de las composiciones de un artista, comparándolas con las de nuestros eternos favoritos, preferimos aceptarlos por lo que sus palabras o mensajes tienen para contarnos de un mundo que parece desconocido para nosotros, un mundo y una cultura en continúa gestación.

Antes de comparar, criticar y anunciar el fin de "los buenos compositores", preferimos aferrarnos a lo que para nosotros es bueno. Es un dicho muy popular, pero para los gustos los colores, por lo que medir con el mismo rasero las composiciones de nuestros dioses de la canción popular y de nuestra generación con los ídolos de las nuevas generaciones, es un oficio odioso e inútil .

No es verdad que los buenos compositores estén en decadencia, no es verdad que debamos aceptar la imposición del mercado sobre lo que para el negocio es un buen compositor (así en realidad lo sea), no está bueno gastar nuestra energía replicando esquemas de odios y rivalidades, en todo caso es mucho más fácil y sano seguir haciendo el ejercicio de apartarnos de la masa y encontrar nuestros propios compositores del año, y eso sólo lo hacemos compartiendo lo que realmente nos gusta y no lo que no nos gusta ni estamos dispuestos a entender como fenómeno cultural y económico.

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Notas al pie de pagina:
El infame premio al compositor del año que ha incendiado las redes es entregado por la industria musical (del entretenimiento) a los artistas o músicos que están afiliados a la entidad que recoge las regalías por sus composiciones, por ende, estos premios siempre serán entregados a los artistas de su nicho, es decir cantantes de reggaeton y géneros afines o ultra populares, es endogamia pura. 

Pretender que nuestros artistas favoritos de rock, pop, Alek Sinteks, Arjornas o Bunburys ganen este premio es por demás inocente e ignora por completo los tejemanejes de la industria. ¿Saben quién ganó este premio el año pasado? Maluma, baby!

¿Qué hacemos ahora?, ¿Nos seguimos quejando del premio o pasamos de pagina? Al final, el único reconocimiento que merecen los artistas que nos gustan es que compartamos su música y que prediquemos sus palabras. 

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viernes, 4 de enero de 2019

Bad Bunny - X 100PRE (2018)


Mientras en los rincones virtuales de Latinoamérica se forman debates innecesarios destinados a enfrentar al rock contra el reggaetón, donde más pareciese importar la superioridad moral de los participantes antes que el tema de fondo, es en el resto del mundo donde el género urbano ha alcanzado un nuevo auge. Paradójicamente este boom latino tiene su razón de ser gracias al interés y exposición dado en los Estados Unidos, llamémoslo el fenómeno Post-Despacito, llevando a J Balvin a presentarse en late shows, posicionando a Ozuna como uno de los reyes del streaming o volviendo a Cardi B una figura mediática cuyos movimientos (musicales o no) son noticia del día.

Hasta ahora no se ha dicho nada que no se sepa, pero para llegar a nuestro tema de fondo hay que tener en claro como la cultura popular dominante ha servido de plataforma para resaltar el carácter globalizado de los nuevos artistas de reggaetón, ayudando a quitarles el estigma sexual negativo y demostrando que al final lxs chicxs solo quieren divertirse en comunidad. El paso del tiempo indicará cual es el final de este largo romance de verano entre los ritmos latinos y la cultura popular globalizada, todavía es muy temprano para sacar conclusiones, pero cuando se dé la inminente ruptura esperemos que quede un buen recuerdo para ambas partes.


Y ahora sí, ¿Dónde está Benito? De esa santa trinidad que significó I Like It en los charts mundiales el único al que le faltaba aprovechar el momento era Bad Bunny, quien parecía estar más dispuesto a pasar un buen rato y centrarse en la publicación de singles sueltos y versos como artista invitado. Lo que no imaginábamos es que tras el anuncio sorpresa de X 100PRE se escondía un giro sobre lo que se creía saber del reggaetón, exponiendo un carácter introspectivo ajeno a la manoseada imagen de macho alfa del barrio que termina ubicándolo entre aquellos pocos artistas que manejan bien el arte de conmover en medio de la pista de baile.

La producción va de menos a más, expandiendo de a pocos la versatilidad en cuanto a géneros. Iniciando con NI BIEN NI MAL, 200 Mph y ¿Quién Tú eres?, canciones cuya misión es ir calentando ambiente antes que buscar iniciar la fiesta, cercanas al trap al que ya estamos acostumbrados en todo rincón del continente. Ligero cambio hallamos en Caro, donde va apareciendo aquella chispa que hizo especiales canciones como Chambea, dando falsa confianza hasta la llegada de un interludio junto a Ricky Martín (!) donde Bad Bunny visibiliza las inseguridades propias de a quien le llueven los detractores (Por qué no puedo ser así?/ ¿En qué te hago daño a ti?/ Yo solamente soy feliz). La primera gran sorpresa de la producción.


De aquí para adelante X 100PRE va escalando rápidamente, Tenemos Que Hablar es un experimento satisfactorio y revitalizante donde los versos fluyen sobre una pista de pop punk de tintes juveniles. Cuando pareciese que ya hemos oído todo llega Otra Noche en Miami, por lo visto la favorita en las redes sociales, una canción que inicia cercana al RnB ochentero para explotar en el coro en forma de synth pop. Como el mismo conejo afirmó vía twitter, la pista de esta última canción es invención suya, prueba del control creativo y eclecticismo en influencias que ha querido demostrar.

Par de canciones después entramos a uno de los momentos más versátiles de la producción, primero llega la celebrada Solo de Mi, tema que ahonda directamente en las relaciones tóxicas y el empoderamiento del individuo. Si bien es una balada dancehall, cerca al final cambia la ruta hacia el perreo, dando paso a Cuando Perriabas, un reggaetón con clara influencia de la vieja escuela al samplear Bellaqueo de Plan B. Luego llega La Romana, otra canción dividida en dos partes, comenzando como una bachata de toda la vida y desvirtuándose hacia un dembow agresivo en manos de El Alfa (quizás el próximo músico centroamericanos en encontrar fama global), con claras referencias a la primera vez que ambos músicos se juntaron hace un par de años atrás. El trabajo en producción de Tainy se luce en esta triada de canciones, otorgándole naturalidad a la transición de esta triada de canciones que más parecen un viaje por el Caribe.


La parte final de X 100PRE es donde están los momentos más introspectivos, iniciando con Nada es Como Antes, una oda a las memorias de su infancia que en medio de su nostalgia contiene momentos de gran ingenio lírico (“Recuerdos muy bellos, ey/ Cuando te montaste y cambiaste la estación/ Nada de reggaetón, ey/ Ponme otra canción” o aquel “las canciones de Shakira” antes de decir el “nada es como antes” del coro). RLNDT es el momento más desnudo de la producción, un trap narcótico donde Bad Bunny parece desaparecer para que el humano detrás, Benito Martinez, haga una honesta reflexión sobre sentirse perdido pese a la fama. Pero como X 100PRE es un trabajo triunfante, el sol brilla al final cuando inicia Estamos Bien, single de honesto y contagioso mensaje positivo (“Hoy me levanté contento, hoy me levanté feliz / Aunque dicen por ahí que están hablando de mí”). Mia, con Drake, da cierre a la producción pero posee un rol similar a las canciones en los créditos de toda película taquillera de verano: hacernos volver a la realidad en buen ánimo.

Sintetizando todo lo explorado, el ambicioso debut de Bad Bunny es más de lo que hubiéramos esperado a primera instancia: una celebración de los ritmos caribeños, más allá del reggaetón, como también una aceptación del ser humano tal cual es, más allá de sus demonios internos. X 100PRE no solo es un almacén de hits que de seguro alimentarán a las emisoras de radio durante el 2019, es el último cimiento necesario para asegurar a la música urbana latina como mucho más que un simple sabor del mes para el mainstream global.


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