lunes, 19 de octubre de 2015

Dënver - Sangre Cita (2015)

Aprendida la lección, la estridencia de Sangre Cita (2015) no ha representado una condena inmediata, y expuesto al tiempo, este supuesto caos empieza a descifrarse. El dúo ha demostrado su voluntad de construir un universo al interior de cada álbum, con protagonistas que comparten historias, y un sonido que sirve de contexto.

Esta vez, Dënver se viste de electrónica y neón para situar a Sangre Cita en la oscuridad de la noche y las luces de la discoteca. La perversidad, un elemento común en sus canciones, parece ser ahora el común denominador, ya en el primer adelanto presentaron a Los Vampiros, criaturas sedientas no sólo de sangre sino de pasos de baile, con toda la fuerza de un himno, que caprichosamente el amarillo nombra himno gay y recomienda escuchar una y otra vez, como un mantra, antes de salir de fiesta.

Pero antes de Los Vampiros, Dënver había estrenado una canción que resulta ser la primera en el disco: Noche profunda. En Chile fue la banda sonora de la serie televisiva inspirada en los últimos días del joven Daniel Zamudio, quien perdería la vida en un crimen de odio. El horror que sacudió a un país y a una generación, impregna esta canción sobre adolescentes deambulando en la oscuridad, “Quiero que te quedes conmigo esta noche / Tengo un mal presentimiento, algo que me corroe / Y protejas mi espalda de aquellos fantasmas / En mi pieza se alojan desde hace una semana”.

En Sangre Cita, los marginados protagonistas cantan y bailan desde su desdicha. Aun con la decoración más electrónica, El fondo del barro es una canción triste, sobre fiestas jamás celebradas y besos jamás dados. El mismo rito se repite en Yo para ti no soy nadie, título que es señal inequívoca de la historia de frustración a presenciar, esta vez en compañía de un pop con eco tropical, como la versión enrevesada de ese hit noventero llamado Formas de amor, de Calo. Y en este triángulo de canciones bailables, Mi derrota contagia un ritmo sudoroso y la línea “Perdí medallas y mil copas” es quizá un recuerdo de los valientes deportistas que protagonizaban el ya lejano álbum Música, Gramática, Gimnasia (2010).

La canción más retorcida es sin duda Mai Lov. Anunciada ya como el próximo sencillo, aquí el dúo juega a interpretar la intro de una serie anime o bien, a una María Daniela y su sonido lasser, de pop chicloso y letras frívolas, con un pequeño conjuro a la muerte que es marca de la casa. 

Bola disco es en cambio, una balada muy a lo Dënver, brillando altiva en la oscuridad. Carne de dedicatoria entre novios, estruja el corazón y antes de terminar, el coro se ha memorizado ya: “Porque me quieres / Como nunca habías querido / Porque he colgado en mi pieza una bola disco”. Unas parejas eligen contemplar el cielo, mientras otras arden en El infierno, y como mariposas deslumbradas se acercan a su llama, bailan en las profundidades y manifiestan que el amor también es perverso.

El sonido de Sangre Cita es un constante tributo al pop oscuro, si es que existe esa definición, y a los arreglos electrónicos más contagiosos en las últimas décadas, por lo que no podría faltar una referencia a Carlos Berlanga, ícono de la movida española y compositor de brillantes canciones como Ni tú, ni nadie o A quién le importa, de Alaska y Dinarama. En Sangrecita, la canción, con una afortunada participación de un Pedropiedra que evoca la voz del mismo Berlanga, se abre la invitación a un sórdido viaje en tren que en su melodía e histrionismo revive una canción poco conocida, Qué sería de mí sin ti. 

“En ese tren descarrilado, supimos no hay que arrepentirse tanto”, conjura Dënver en su última canción. El amarillo celebra también la valentía del dúo, fácil habría sido repetirse después del éxito que significó su álbum del 2010, pero fieles a su curiosidad han elegido nuevos caminos en su proyecto, que si bien postergaría la fama y la atención del circuito más amplio, para hacer historia con firmeza y continuar siendo de los pocos abanderados de aquel fenómeno musical que ya podría verse como la movida chilena, donde alguna vez fue obligación la independencia y la experimentación.


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