martes, 10 de julio de 2012

Lucrecia Dalt - Commotus (2012)


Lucrecia continúa su ascenso, cabe explicar que “Dalt” en catalán significa “Subir”. En esta ocasión, y siguiendo el camino trazado por su anterior disco, Commotus adentra al espectador en un paisaje inhóspito, denso, plagado de incertidumbres y susurros.

La base electrónica es una constante en su trabajo. Actualmente, ésta ha sido enriquecida con la presencia de instrumentos, efectos y texturas que hacen sus secuencias cada vez más orgánicas, vaya oxímoron, llegando a desvanecer la brecha entre analógico y digital.

Su antecesor, Congost, fue la transición para el lapso de oscuridad en que este disco se sitúa. Durante doce canciones, que bien podrían denominarse ambientes, la artista explora los etéreos conceptos de tensión y desasosiego. La voz abandona su aspecto evidente y ejerce una función sutil, subliminal en algunos momentos, más encubierta de lo que Lucrecia ha acostumbrado.

Cada título, conscientemente seleccionado, sugiere las sensaciones que la artista ha traducido y el oyente ha de asociar. Confieso que recurrí a un diccionario para comprender los significados de Commotus y Turmoil, una de las canciones que, a primera impresión, logra ser la más recordada y se perfila como sencillo.

Turmoil que en inglés se refiere a un estado de extrema confusión, es la pieza más llamativa dentro del LP, la más cercana a un formato tradicional de composición y en la que la posición de la voz, respecto a capas de sonido, permite reconocer las oraciones, convertidas en un manifiesto del disco: “Still you want to try? ‘Cause I’ve doing deals with the devil, yeah, I’ve doing business with the devil. You should have been aware of all this fire”. Así se presenta entonces a una Lucrecia sombría, que sugiere por primera vez la perversidad. He ahí otro adjetivo para Commotus, perversidad, un halo que abarca todo el sonido, opacando hasta las piezas más honestas como Esplendor

Siguiendo con los títulos y su incidencia en la interpretación de las canciones, Lucrecia hace algunos guiños a la cultura colombiana, a través de Mohán y Escopolamina. El primero, un personaje imaginario y espeluznante que según el mito popular aparecía en ríos y lagunas acosando lavanderas y pescadores, y cuya presencia precedía un desastre natural como una inundación o terremoto, característica que encaja a la perfección en el imaginario de Commotus, donde se alude a la fuerza de la naturaleza, a la amenazante tranquilidad del ambiente y, también, a la fragilidad del cuerpo, fácilmente sometido ante el trance de un ataque con Escopolamina, la sustancia que usan los ladrones en las calles para despojar al individuo no sólo de sus pertenencias sino de su consciencia. Es entendible entonces la paranoia a la que se enfrenta el ciudadano común cuando camina entre la Multitud, título para otra de las canciones, una secuencia de sonidos que abordan la duda y el temor.

Por su parte, Silencio se vislumbra como otro tema memorable. Con la participación de Julia Holter en el armonio, la pieza ofrece un rastro de dulzura que se agradece tras la densidad experimentada en canciones previas. Curioso cómo su nombre enmarca una melodía que sin ser silenciosa apela a la solemnidad. 

Así, la aparente tranquilidad se ausenta por primera vez del trabajo de Lucrecia. Una tensión constante viene a reemplazarla en Commotus y es abordada desde distintas perspectivas: intimistas, colectivas, citadinas, geológicas.

Una fotografía de dominio público, tomada en 1935 durante las tormentas de arena en Texas es la portada de Commotus. Este recurso visual traduce la fiereza de un disco y el proceder de una artista que, siempre dócil como la arena, en esta ocasión se ha levantado para arrasar.


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Lucrecia Dalt
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