viernes, 4 de marzo de 2016

Javiera Mena en Viña del Mar 2016 - electropop, monstruos, reinas y girl power (Editorial)


Foto: http://www.24horas.cl/
Es la tercera vez que veo la re-transmisión del show de Javiera Mena en Viña del Mar y todavía me emociono cuando le entregan la primera estatuilla y en su discurso nos recuerda a todos que sigue siendo una artista independiente y más que eso, confirma su motivación para hacer música: “hago música porque me nace del corazón”. Los que nos consideramos fans o seguidores de la Mena sabemos a qué se refiere. 

Cuando pasó el incidente con el infame Alejandro Sanz no me sorprendí un ápice. Aún me pregunto si esa presentación era absolutamente necesaria o si era una exigencia del festival para el show del español. Sea cual sea la razón, Mena dejó claro una vez más que su fuerte no es el virtuosismo vocal, eso lo sabemos todos los que la hemos visto en directo, y ahora, de mala gana lo sabe otro millar de personas. 

Con todo y este bochornoso desliz, Javiera se lanzó al vacío con su presentación el pasado sábado. Su presencia en el escenario fue indiscutible; ama y señora de las máquinas y de su ejército de bailarinas con espadas fluorescentes, dueña de sus canciones, de su registro vocal, de sus desafinaciones, de sus imperfecciones y de sus virtudes. Y eso es quizá lo que más admiro de la Mena y del movimiento independiente en general. Si ella fue capaz de poner elecrtopop en un escenario vacuo y plagado de reggaetoneros y tonadillas rosa, seguro estamos entrando a una nueva era (¿o no?).

Las reflexiones con las que me quedé luego de esta presentación fueron muchas, y son la razón para animarme a escribir estas líneas. Como sucedió con Gepe hace unos años, el mainstream más amarrado le dio lugar a artistas que no necesitaron de su maquinaría oxidada para llegar a un público “masivo”, todo a base de trabajo duro y una visión creativa curiosa e inquebrantable. Y eso fue lo que demostró Mena, que podía armarse un show a la altura de cualquier festival televisivo y que además lo podía hacer con canciones que no son aptas para todo público. 

La reacción casi indiferente de la mayoría de asistentes pone en evidencia este último planteamiento. Muchos carteles de Don Omar se vieron en la transmisión mientras Mena entonaba ese emotivo - “Tú crees que es coincidencia que estemos acá” de Sincronía, Pegaso. ¿Fue coincidencia? ¿Fue forzado? ¿Será que la gente le dará una oportunidad? ¿Se la darían a otros indies?

Si tomamos nuevamente el ejemplo de su coterráneo Gepe (quien se notó sobre-actuado en la sublime Sol de Invierno) podríamos sentir un poco la angustia de descubrir a que sonará lo próximo que edite esta mujer. ¿Se doblegará al sonido de la radio comercial, hará reggaetón o bachata para el gusto de las masas o seguirá explorando sus dotes de productora y show-woman? Las incógnitas surgen naturalmente, pero nos preparan para un futuro cercano.

Otra inquietud que me quedó luego del show y de su inolvidable (para bien y para mal) paso por Viña, tiene que ver con la cuestión de género. Si Javiera fuera hombre y contoneara sus caderas al son de sus canciones ¿Sería aclamada por el público? ¿Le perdonarían a un hombre equivocarse en la canción de Sanz? O ¿es que este mundillo de la música aparentemente dominado por princesillas del pop, no está dominado en realidad por el macho alfa y viril? Lo dijo Björk hace poco: “Todo lo que un hombre dice una vez, tu (mujer) debes decirlo cinco veces”, y si eres una mujer indie ¿Cuántas veces debes decirlo para que se materialicen tus palabras? 

Lo que Mena hizo sobre el escenario: controlar las máquinas, estar acompañada sólo de mujeres, tocar el piano, bailar… le merece mucho mérito en sí misma, pues cuando todos esperaban que el monstruo se la devorara fue ella quien dio la gran mordida.

Al final, en su corta locución la vimos emocionada al punto que su voz casi se quiebra al recordar la tradición del festival. Sin embargo, nuestra celebración por este paso por uno de los escenarios más rancios del pop latinoamericano radica en todo lo que demostró la Mena en 50 minutos sobre el escenario, fue la revancha de una voz indomable y la coronación simbólica de una reina que nos ha llevado al siguiente nivel en 10 años de carrera.

Will Balooni.



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