lunes, 28 de marzo de 2016

El Guincho – HiperAsia (2016)




Después de maravillarnos con tres álbumes de estudio, tres EPs y pegarnos las ganas de bailar, este 2016 volvemos a escuchar la singular propuesta musical de Pablo Díaz-Reixa, mejor conocido como El Guincho. En julio pasado tuvimos un adelanto de este LP -tan deseado por todos- con la canción Mis Hits y empezamos a fantasear con los nuevos sonidos con los que el español haría su regreso victorioso a los oídos de su exigente público.

El álbum fue inspirado por las tiendas comerciales y la cadena de bazares chinos de Madrid que lleva por nombre HiperAsia y muchas de las calles de esta ciudad donde el artista actualmente reside. En un afán por convertir estos lugares en ruido, nacieron estos 13 temas que vienen rebosados de world music, electrónica, psicodelia y R&B. La musa que arribó al ingenio de su espíritu y sus manos lo atrapó de tal forma que descartó casi todo lo que inicialmente había creado para darle continuación a su titánico Pop Negro de 2010.

Enteramente escrito y producido por él mismo, HiperAsia es un organismo compuesto de tunes que rebotan sin cesar en nuestra cabeza y es realmente un verdadero encanto escucharlo una y otra vez. A medida que viajamos por los tracks es inevitable cuestionar su naturaleza, la mente empieza a hacer preguntas como “¿qué es esta locura?” o “¿a quién se le ocurre esto?”. Es definitivamente una obligación darle más de una escuchada para poder comprenderlo, digerirlo y finalmente amarlo, posiblemente las primeras impresiones no van a ser las más positivas -porque no hay palabra que mejor lo reseñe que “raro” - sin embargo, hacemos la advertencia de que con el tiempo podrá llegar a causarte una seria adicción y no querrás pausarlo.

En este disco ya no queda nada de El Guincho de hace un tiempo, el que jugaba con la marimba al ritmo de tropicalia, en esta ocasión sus beats se dirigen a otra dirección, hacia un mundo mucho más lejano de lo convencional y mucho más cercano a la rudeza de lo experimental, una sensación futurista y robótica nos abruma, muy similar a la un disco de Daft Punk. Hay sin duda un “je ne sais quoi” que inyecta de vida a este señor disco, puede ser el dulce sobreuso de los efectos vocales y el auto tune o las letras distorsionadas donde se siente una energía extraña, pero que divierte.

No creemos que exista en el mundo alternativo otro proyecto capaz de juntar pedazos de sonidos, envolverlos en sintetizadores, y transformar todo en canciones que puedan romper ventanas de la forma más auténtica. No nos sorprende que El Guincho haya regresado con un disco que sobrepase los niveles de su propia perspicacia. Las letras siguen llevando su sello, salidas de una realidad imperfecta y pertenecientes a otro mundo poco conocido y explorado: “¿cómo viví cubierto por un manto invisible de putadas? no es posible… claro pibe nada puede ir mejor” (Rotu Seco). El placer de comer pizza es un dibujo en relieve en el universo HiperAsia: “¿Será que no me envuelves nunca? No soy diferente, regálame a lo que a otra gente o devuélveme la pizza y déjame en paz” (Pizza) nos describe el artista en uno de los temas más destacados de este larga duración.

La rapera Mala Rodriguez también hace parte de este trabajo y presta su talento en la canción Comix, primer sencillo promocional. El vídeo musical de la misma fue dirigido por la gente de CANADA quienes en el pasado han sabido interpretar con precisión las oníricas ideas que inquietan al productor. Mientras más detallamos el álbum, nos damos cuenta que hay una carga de rabia que busca una salida en el desahogo, en Abdi, Muchos Boys y Pelo Rapado encontramos lenguaje explícito, un claro ejemplo de esas situaciones en donde la frustración nos invade y ya poco importan los modales, y sin pensarlo dos veces empezamos a lanzar palabrotas.

Esta cuarta placa de estudio en la discografía del productor, compositor e intérprete significa el punto más sólido al cual su carrera ha llegado, en donde su ambición más grande no es ampliar el número de sus seguidores, o complacer masas, sino hacer música por mero gusto. Los elogios ya son costumbre para él, por lo tanto, nos quedamos muy cortos en nuestro intento de hacer cumplidos.

Respondamos al llamado de agarrar nuestro playlist y disfrutar de este magnífico regalo ¡Es hora de volverse loco!


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