sábado, 14 de noviembre de 2015

Emilio José - Agricultura Livre (CD1) (2015)



Los cazadores de respuestas tontas de reinas de belleza recordarán ese "epic fail" de una miss española a quien le pidieron que dijera en pocas palabras lo que conocía de Russia. Su respuesta políticamente correcta y abierta nos deja varias incógnitas sobre nuestra propia cultura general, sobre lo que creemos saber y conocer de la situación política y de la gente de otras partes del mundo. Afortunadamente, ahora todos nos enteramos de lo que pasa en el planeta en instantes gracias a un vídeo en Intagram y ante la viralidad de un hecho noticioso nos volvemos máquinas de opinión en Twitter. Pero en el fondo todos podemos ser esa reina, porque aunque creamos tener las respuestas y la información a la mano no somos más que transmisores nulos de información, repetidores de patrones y testigos inertes de los hechos. 

En este marco de informalidad mediática y de acontecimientos cada vez más contundentes aparece el segundo disco (triple) del cantante de Ourense Emilio José. Justo cuando asistimos a la tragedia parisina, a los bombardeos en Siria, los desplazamientos forzados (los cubiertos por los medios tradicionales) y de tragedias naturales cada vez más crudas, ahí está él con un disco extenso para resumirnos el momento, para convertirse en el "Zeitgeist" de esta década, diciéndonos claramente: "que importa Kim Kardashian" si en pleno siglo XXI hay un pueblo buscando su independencia de la corona española, y entre otras cosas que los campesinos necesitan libertad para producir. 

A todas luces este es un disco político como pocos. En él, Emilio toca temas sensibles y que sin duda cobrarían mucho eco si él fuera un artista de masas. Es imposible no sentirse aludido, por menos español que seas, a sus duras palabras en Sepé Tiaraju donde abre con la frase: " ETA no mató tanta gente como España", reviviendo el fantasma del colonialismo y con ese espíritu reivindicativo de una región. "Yo no defiendo la violencia pero...", lo entendemos en su inteligible gallego y de una nos volvemos parte de un debate moral al replantearnos el escenario de violencia que ha envuelto la historia de un país que puede ser el nuestro. Fácilmente puedo venir a Colombia donde acabamos de conmemorar 30 años de la masacre del Palacio de Justicia, un hecho que no tiene culpables claros y cuyas consecuencias para la vida política del país siguen siendo nefastas. ¿Fue el Gobierno? ¿El Gobierno mató más gente que la guerrilla? preguntas sobre nuestra historia que reviven como reflejo de la España que esboza José en varias canciones de este disco. 

En Manual de Luta Campesina, un ensamble de teclados, bajos y guitarras como paseito tropical, nos explica la problemática de la producción de alimentos en el campo. Ese efecto de baile, necesario ante esta irresistible pieza, se confunde con nuestra reflexión cuando lo escuchamos decir "...la reproducción de la vida mundial depende de la comida que se come diariamente. Si no tienes comida, no tienes capital, pero quien tiene capital compra comida fácilmente". Más que venir a poner el dedo en la llaga estas canciones de protesta se sumergen en ese estado latente de opinión y desinformación en el que vivimos. Cuando hay que hablar de política hay que hacerlo en serio y en la minimalista y hip hopera Xero (Cocaína) se suman el lenguaje soez y los gritos contestatarios a la información que Emilio regurgita con maestría. 

A nivel musical, la primera entrega de este disco es un collage infinito de ritmos. Por un lado el Jazz en 리설주 (me siento como la miss España ahora), los paisajes de ensoñaciones de Coalición Galega y Hoje ⁄ Tu e Eu, el bossa nova de la extensa y amorosa ♥ (que merece nota aparte), o la experimentación electrónica en Meninos en la que escuchamos guiños al productor venezolano Arca. Parece que musicalmente Emilio sabe en qué estamos, y estos años de ausencia no han hecho más que enseñarle a canalizar sus esfuerzos para condensar el espíritu del momento. Pero como él se precia de ser un músico poco ortodoxo prefirió darnos todo el paquete de su producción de estos últimos 6 años.

Que este disco llegue en estos momentos parece coincidencia, pero si algo nos ha enseñado la historia es que eso de las coincidencias no es que exista de a mucho. Más bien lo necesario era tener a la persona adecuada para decir las cosas que nadie se atreve a decir, ser el documentalista del momento, el mesías de las causas nacionalistas, el músico prolijo que sabe crear canciones concisas con ritmos, melodías y géneros que le pertenecen al mundo. 

Vale aclarar que no son canciones efectistas, no encuentro aquí ánimos de caudillismo; el valor como autor que le doy a Emilio aflora con la escucha, y el entusiasmo agregado depende del gusto del oyente. Puede que esto no trascienda ni llegue a las masas, pero no dije ya que vivimos en tiempos convulsionados, y que si a alguna reina de belleza le preguntan por la música de este ourensiano ella seguro saldrá con una perla para la corona en forma de: “es un músico independiente que dice cosas, y ya no sé mucho más”.


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