jueves, 5 de enero de 2012

Aterciopelados - Caribe Atómico (1998)

Apenas ahora voy entendiendo que los discos maduran con los años. Muchas veces reniego de esta teoría, puesto que puede haber muchos factores para que un disco se instale en tu gusto eterno; lo que a cierta edad no te parecía atractivo puede virar rápidamente en otro tiempo de tu vida, a medida que se descubre y se ambicionan nuevas cosas. Caribe Atómico es uno de esos discos que saben madurar con el tiempo y que promete meterse en mi lista de discos que salvaría de un diluvio. 

Como sabrán soy muy fan de Aterciopelados, y en diferentes instancias he elogiado muchos de sus trabajos, desde la agresiva arremetida punk de El Dorado, el coqueteo radial con La Pipa de la Paz, hasta llegar a su última placa que revive la semilla del cambio de conciencia. Sin embargo, siento que Caribe se mantiene como un disco inclasificable dentro de su discografía. Este fue el ultimo zarpazo de la banda antes de terminar un siglo, así que debía ser un disco de transición, un eslabón más en esa evolución sonora que la banda siempre ha mantenido como bandera, y para lograrlo se armaron de las melodías más pop que jamás les hemos oído, un tesoro perdido en el tiempo que rescatamos como un viaje a las profundidades de un mar cálido y radioactivo. 

¿Cómo habrá reaccionado un fan de Aterciopelados en esa época? No puedo hablar en primera persona, el disco me llegó muchos años después de su lanzamiento, a pesar de conocer varios sencillos del mismo. Seguro, acá muchos se dividieron, unos pasaron a engrosar la lista de los que siguen clamando una Andrea Echeverri con arete en la nariz, y otros más abiertos se dejaron seducir por estas melodías insurrectas en el escenario del rock en español. 

Caribe Atómico abre con el sonido de las olas y cierra con el de la tormenta, seduce cual mujer fatal y siembra la semilla de la conciencia con mucha sutileza. El disco lo puedo agrupar en pares temáticos, lo que le da un sentido de redondez que muy difícilmente encontraremos en otro disco de la banda. Es así como Miénteme y Reacio se agrupan como las canciones cachondas del material, llenas de desparpajo e irreverencia. Estas dos pistas, altamente adictivas, muestran a una Andrea en pleno dominio de su feminidad en pos de la seducción. Ambas logran momentos épicos en los que no nos queda de otra más que guiar los pies al ritmo hipnótico de la canción. 

El track que da título al disco y la llamada Humo y alquitrán son de las primeras composiciones de la banda en las cuales se reconoce un compromiso ecológico. La primera, como abrebocas del material propone la mezcla de un rock viciado por los toques electrónicos y algo de tropicalía abstracta y letárgica. Mientras que Humo y alquitrán es el coqueteo más directo del disco con lo urbano, basta pintarse en el escenario que describe la canción para alejarnos del trópico, o bien para contemplar la contaminación de las ciudades costeras, para no ir tan lejos. La canción no se restringe en ningún momento, así hable de contaminación auditiva, su carácter descriptivo prima sobre la denuncia. 

Maligno, Doctora Corazón y El desinflar de tu cariño, la primera con su poderosa línea de bajo y la segunda con su sintetizador narrativo, terminan siendo las canciones sobre desastres amorosos, de las últimas que la banda haya escrito en este respecto. Péndulo y Días, por su parte, son los puntos más bajos del disco, sin demeritar el potencial de ninguna o clamar superioridad en las demás. Pendulo logra hipnotizar al oyente con ese vaivén tropical y su lirica sugestiva, mientras que Días es esa rareza introspectiva que muy difícilmente oiremos en otra placa de Aterciopelados. 

Mañana es de los momentos bailables del disco, una pieza de humor inteligente que te mantiene moviendo y tarareando de principio a fin. En esta misma tónica, pero en un plano más astral y esotérico, Cosmos presenta los primeros coqueteos de la banda con la champeta. Puede sonar muy engreído de mi parte, pero Aterciopelados tiene las champetas más estilizadas del territorio colombiano, y si esto no es una champeta, ignoren todo lo que digo. A la mezcla se suman las trompetas, la percusión y un largo etcétera que la vuelve la pista más delirante del disco. 

Sin miedo al sobre-uso de “el/la más”, solo me resta hablar de la canción más representativa del disco: “Mira la esencia, no las apariencias” esa frase inmortal con la que Andrea Echeverri supo contentar al publico ferviente de su etapa punketa. El Estuche es una canción cadenciosa y efervescente, popular y atractiva, todo un hit que se mantiene intacto a pesar de los años. Así que, puedo parecer muy caribeño, en efecto lo soy, y siempre agradeceré que esta banda, aún siendo del corazón frío del país, demuestre tanta calentura y sazón en su discografía.

Caribe Atómico es el disco más pop de Aterciopelados, el que inicia sus bienaventurados juegos con la electrónica, que en este caso distan de ser primiparadas, el disco al que más se le ajusta la etiqueta de “conceptual”, y el que a estas alturas tiende a ser su placa más seductora, el climax del coqueteo evolutivo y un punto de partida para sus posteriores placas.



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